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EN ESSEN (ALEMANIA)

Guadalupe Luceño ha expuesto sus diagramas geométricos
Julia Sáez-Angulo

En Palmira se deslumbró con "el precursor", un techo de casetones con un florón central rodeado de motivos geométricos. Fue la génesis de su pintura abstracta.

27 de julio de 2005

Mujer de una gran cultura, la pintora Guadalupe Luceño ha expuesto sus óleos de abstracción geométrica en el Hypothekenbank de Essen (Alemania), bajo el título Todo empezó en Damasco. El profesor Ignacio Gómez de Liaño le hizo una gran presentación en el catálogo. La artista expondrá en Madrid el próximo mes de noviembre en la galería Skimo.

“Todo empezó en Damasco, ciudad fascinante, trepidante, colorista, inefable, cuyo hálito, desde el primer instante, me hizo sentir que ella formaba parte indisoluble del camino recorrido y cuya experiencia vivencial ha marcado, sin duda, lo que de él queda por recorrer”, explica la autora a elsemanaldigital.com.

“Situarme en Palmira bajo la maravilla histórico-artística del protomandala me causó una sensación de difícil descripción”, afirma. El “precursor” es un techo de casetones con un florón central de hojas de acanto y loto, rodeado por un anillo con motivos geométricos. Y todo ello, a su vez, se halla inscrito en un cuadrado.

Sobre si la geometría puede ser lírica, la pintora responde: “Sin duda, lo es. La geometría es orden, sistema, proporción, equilibrio y ritmo. ¿Qué la diferencia esencialmente de la poesía o de la música? No hay diferencia. Pensemos en las relaciones sinestésicas que establecía Kandinsky y sus contemporáneos entre la música y la pintura, en las analogías musicales de la expresión pictórica. El poema Estudio sobre muro de Luis Luna tiene su analogía pictórica en mi obra homónima, como la tienen muchas composiciones musicales que han dado lugar a diagramas como Bach: simetría asimétrica, Missa brevis en sol mayor, Oda a la alegría, Un réquiem alemán, Años de peregrinación, etc. La poesía, la música y la pintura –la geometría– son indisolubles. Conforman un todo espiritual que nos ayuda a desgranar los misterios de nuestra existencia”, declara Luceño.

Oriente y Occidente

Cuando pinta sus diagramas geométrico-mandálicos la autora se siente en “un itinerario del éxtasis, una ascensión que es, a la vez, inmersión en lo más hondo de la vida”. La música es esencial para llegar “a lo más hondo de la vida”, de los pueblos y de las culturas. No se puede entender una cultura sin su música. “Me eduqué en un entorno cultural germánico, del que proceden inevitablemente la mayoría de mis referentes musicales: Bach, Mozart, Beethoven, Mahler, Brahms, Schönberg... Hay muchos más que me acompañan en el devenir de la creación-meditación, pero me gustaría destacar la música árabe: su sensualidad, sus ritmos y armonías peculiares, sus instrumentos autóctonos, como el laúd árabe, el ney, el duduk, sonidos que hacen vibrar el alma de forma distinta y, por tanto, ayudan a entender sensibilidades diferentes”, nos explica.

Sobre los últimos acontecimientos internacionales, G. Luceño dice: “Oriente y Occidente viven un desencuentro irracional, provocado por visiones sectarias y consignas que arengan a las masas –de uno y otro lado– fácilmente manipulables, en las que se refugian mentes perdidas en busca de protección. Un proceso sumamente peligroso que embota el entendimiento, a saber, cercena la capacidad de razonar, comparar, juzgar y deducir con libertad de pensamiento. El ser humano en todo el orbe debería rebelarse contra semejante manipulación y dedicar sus esfuerzos a fomentar la comprensión y el conocimiento mutuos, enriqueciéndose intelectual y culturalmente, en lugar de contribuir a la aniquilación. La paz sólo será posible mediante el conocimiento y el respeto mutuos, un proceso que necesita tanto de lo racional como de lo intuitivo. Porque la razón, siendo imprescindible, no lo es todo. La meditación profunda exige detener temporalmente el pensamiento consciente, del mismo modo que es necesario apaciguar las turbulencias de las aguas para ver el fondo del mar. Con mis diagramas pretendo ayudar a serenar la mente para ahondar en el conocimiento”.

© Julia Sáez-Angulo
(Reproducido con permiso de la autora)